11 abr. 2012

"Nuevo Despertar" Capítulo X y último


Mi nombre es Tomás Recio y soy uno de los experimentos de la Corporación Starmore. Lo comprendí en el momento en el que ante mis ojos, el vicepresidente de la misma me mostró a aquella a la que me unía un hilo invisible, a la que era mi otro yo, mi otra mitad: mi hermana gemela, el ángel con el que había soñado durante años, la voz que durante años había pensado que no era más que un indicio de locura arañando mi cabeza.

-El experimento ha terminado- murmura aquel hombre entre dientes-. ¡Haced que duerma!

El mundo se convierte en neblina ante mis ojos y cuando vuelvo a recuperar la visión, me encuentro en una celda que me es familiar, en la celda CHAD 22. Me han herido en el pecho, unas gasas envuelven mi torso tras la extracción de la bala. Recuerdo lo ocurrido, la que sin duda alguna es la que maneja los hilos de aquella corporación ha intentado asesinarme en una cabaña perdida en el bosque de Arbuth. En la palma de la mano, tengo una capsula azul que parece brillar al ritmo de los latidos de mi corazón. Cierro los ojos, no entiendo nada, la cabeza me va a explotar, es una tensión que se acumula en mis sienes y hace que me palpiten los ojos. Cuando los abro, estoy en otra celda. Y ya no soy Chad. Soy Tomás. En la muñeca tengo una pulsera que reza que soy el experimento número 21. Algo hace interferencias en la comunicación que tengo con mi hermana, está claro. Los experimentos estamos conectados entre nosotros. ¿Cómo la habrán llamado a ella? Me corroe la rabia por dentro, el no poder salvarla, el no poder salvar a Chad, a cada uno de los infelices que hemos sido controlados desde nuestro nacimiento por aquellos locos, que hemos sido capturado una vez que hemos desarrollado nuestras facultades sólo dios sabe con qué intención. ¿Seremos sólo 22 o habrá muchos más? Intento concentrarme, dominar el canal, expandir mi voz para que me oigan, para oirlos a ellos, a todos ellos. Chad me responde, mi hermana me responde.

-¿Te han ofrecido la pastilla azul?- me pregunta, con su débil hilillo de voz de princesa, de voz de hada.

Chad responde. La tiene en la mano.

No sé de qué hablan.

-¿Dónde estás, hermana?- grito a través del túnel infinito y oscuro que nos une.

-ARIS 20. ARIS 20. ARIS 20- resuena una y otra vez en mi cabeza como si de una melodía se tratase.

Abro los ojos. Alguien ha abierto la puerta de mi celda. Lo reconozco, es el doctor, el hijo de la directora de Starmore y del moribundo Chad primigenio.

-Tomás. Sé lo que te ocurre, estás viviendo las interferencias con más fuerzas que nunca, ¿no es cierto?

Lo miro desconcertado. Sé que está de nuestra parte, lo he visto a través de los ojos de Chad. Asiento con la cabeza.

-Lo lamento mucho, nunca pensé que los experimentos desarrollárais este efecto secundario tan curioso...Digno de estudio...Pero he encontrado la forma de eliminarlo.

El doctor abre la mano y me muestra la misma capsula azul que momentos antes he tenido en la mano, cuando mi mano no era mía sino del cuerpo en el que mi mente se posaba como un pájaro volandero. Es la pastilla de la que hablan Chad y mi hermana Aris.

-Tómatela y olvidarás todo. Volverás a tu casa, a tu trabajo, a tu vida. Olvidarás este incidente y nos olvidaremos de ti. Para nosotros, el experimento ha acabado y queremos que para ti también acabe, que no vivas con el dolor, con la angustia de saber demasiado...

Pienso que en este caso, la ignorancia será una bendición, que es mejor no despertar según en qué casos.

-No la tomes- me dice Aris-. Ellos nos necesitan. Hay más. Los capturarán. Les harán olvidar. Y comenzarán de nuevo a experimentar con otras mujeres embarazadas, con otros embriones, con otros niños. Alguien les tiene que parar los pies. Alguien los tiene que ayudar.

-No la tomes. Rebélate- dice Chad.

Cierro los ojos. La cápsula de mi hermana rueda a la deriva sobre el blanco inmaculado del suelo de su celda. Salto a la mirada de Chad, que observa como la suya ha reventado bajo el peso de su pie.

-Vivirás en paz- me repite el doctor-. ¿No quieres volver a ver a tu familia?

Doy algunos pasos hacia atrás y llevo la mano hasta la mesilla sobre la que descansa el material quirúrjico. A tientas, cojo un bisturí y sin pensarlo dos veces salto sobre el médico y con un ágil movimiento de muñeca, le cerceno el cuello.

-Yo ya no tengo familia- le digo antes de escupirle en la cara.

Le quito al doctor la tarjeta de acceso- Abro la puerta de la celda, cuchillo en mano. Voy descalzo.
Abro la celda 20. Abro la 21. Aris y Chad han visto todo lo ocurrido, estamos conectados. Somos una única mente, una única cédula terrorista. Y vamos a por ellos. A por todos. A por los experimentos, para hacerlos despertar y que se unan a la causa. A por los culpables de que nuestras vidas ya no sean las mismas. De que mi hermana haya vivido toda su vida en aquella prisión, de que Chad haya descubierto que no es más que un clon de un hombre que está muriendo y de que yo haya dejado de ser un chico normal y corriente para convertirme en un asesino. Las alarmas se disparan, si no nos damos prisa, nos capturarán de nuevo. Corremos a lo largo del pasillo, hacia la salida. Una vez fuera, comienza la verdadera aventura. Comienza el verdadero nuevo despertar.

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