17 jul. 2013

Cómo me documenté para escribir ROTTENMEIER (3)


Praga, 2002

¿Dónde nos habíamos quedado? Ah, sí. Os estaba contando cuando acabé yendo solo a la conferencia del Profesor Herzfelde en la Universidad Carolina de Praga. A mí me gusta viajar solo, perderme por las calles debido a mi nulo sentido de la orientación, llenarme de satisfacción al encontrar el camino de regreso al hotel , conocer a gente nueva, nuevas costumbres y comidas. Hubo una época en la que viajaba solo a menudo y cada una de esas escapadas se convertía en un oasis de placer en medio de la rutina. Pero vamos a lo que vamos. Me saltaré la mayoría de los detalles de la conferencia porque tampoco creo que os interese demasiado. Lo más llamativo de la charla fue que el orador estaba completamente borracho. Y la gente se quejaba entre cuchicheos, y algunos incluso se levantaron y se fueron antes de que terminara. A mí me pareció muy divertido, siempre he sentido debilidad por los profesores "malotes", como Cameron Díaz en la película Bad Teacher, porque con ellos he aprendido mucho más que con los sobrios o que con los emocionalmente equilibrados. Además, tiendo a tener una especie de Síndrome de Estocolmo con este tipo de mentores: Ellos se emborrachan  y entran en espirales de autodestrucción mientras yo los adoro. Al finalizar la charla, el público corrió hacia la salida como si estuviera a punto de estallar una bomba, pero yo me quedé para felicitarlo personalmente. El profesor había reservado mesa en un restaurante del centro y ya que su acompañante le había dado plantón, me invitó a cenar con él. El destino es implacable. Tras la primera botella de vino y habiendo comentado mi excursión a Dörfli, Helmut Herzfelde me desveló que tenía en su poder un documento asombroso, el diario personal del ama de llaves de la familia Fries, con la que Johanna Spiry convivió durante el año 1835. Esta mujer sería la inspiración para construir el personaje de la señorita Rottenmeier.

La señorita Rottenmeier es un personaje universal, todo el mundo reconoce su nombre y su rectitud allá donde lo menciones, ya sea en Madrid, Berlín, Pekín o Bogotá, pero poco o nada se sabe de su vida, de su pasado. De ahí lo impresionante de este documento, un legado custodiado por la familia Fries durante generaciones, cedido a la Universidad Carolina para su estudio. Le pedí por favor leer algo, aunque no fuera el manuscrito, al menos unas transcripciones, y el profesor aceptó con la condición de que fuera su becario durante aquel año. Así que viví en Praga hasta Junio del 2002, ganándome la vida como lector y estudiando el diario, escrito de puño y letra, en un alemán impecable, por la verdadera señorita Rottenmeier. La represión del deseo, la religión, la tormentosa relación con su madre y todo tipo de conflictos internos se mostraban en sus páginas con tal atractivo que decidí usarlo para escribir una novela. Tomé cientos de apuntes, investigué lugares, nombres y fechas para encajar los hechos verdaderos con la historia de ficción que todo el mundo conoce. Y cuando lo tenía todo preparado para comenzar, el profesor descubrió cuales eran mis intenciones y me despidió, prohibiéndome tajantemente que hiciera pública toda aquella información que él me había confiado.

Rottenmeier sale a la venta en Noviembre gracias al buen hacer de la Editorial Punto en Boca