29 sept. 2013

Mi experiencia con Odisea Editorial (2)


Corría el año 2007 hacia el 2008, no recuerdo la fecha exacta pero sí sé que era la época de las fiestas de "El extraño vinilo", la preselección eurovisiva a través de MySpace y la vida como bohemio en una buhardilla de veinte metros cuadrados en el centro de Madrid. Sonaban en este diminuto hogar unipersonal canciones de Alphabeat, de Christina Rosenvinge, de Ellos, "La revolución sexual" de La Casa Azul y "El disco de tu corazón" de Miranda. En la pared tenía un póster de Roberta Marrero, que se había convertido en una especie de gurú de la noche madrileña puesto que además de ser Dj, lo mismo escribía que cantaba, dibujaba, hacía collages, actuaba o era invitada al Baile de La Rosa en Mónaco.

 Los días pasaban de la forma descarrilada, divertida y dramática que la ocasión se merecía. Los recuerdo con cansancio y media sonrisa en los labios. Quedaron atrás, formando parte del bagaje que alimenta mi presente, pero sería incapaz de volverlos a vivir. En la frenética obsesión por publicar mi novela, pensé que aquella que me observaba desde el póster de mi habitación sería la ideal para prologarla. Además, ella había participado no hacía mucho en un libro de relatos ambientados en el microuniverso de la (¿existió de verdad o fue producto de nuestra imaginación?) removida madrileña. Podría estar contando anécdotas durante horas sobre este tema y los personajes que la formaban pero entonces me desviaría bastante del objetivo de este post y quizás ya nunca pudiera retomarlo.

Le envié la novela a Roberta y un par de días después, me respondió que le había fascinado. La lista de adjetivos maravillosos con los que calificaba mi historia era interminable. Para mí, que era un chico al que se deslumbraba con bastante facilidad, era como si Dios se me hubiera presentado y hubiera hecho una buena crítica de mi libro. En aquel mundo éramos pocos, ignorantes y soberbios.  Cuando le desvelé mis intenciones de usar su prólogo para conseguir que Odisea me sacara la novela, se negó a colaborar con ello. Por lo visto había acabado fatal con la editorial, o eso me contaron las malas lenguas, y yo, sin tener ni idea de lo sucedido, no había podido elegir a peor persona para que me ayudara. ¡Si es que en ocasiones tengo el don de la (mala)  oportunidad!

Así que, en más de una ocasión pensé en tirar la toalla puesto que lo único que tenía entre las manos era una novela sobre el sentido de la vida repleta de sexo, violencia, canibalismo e incesto, pero sin editorial que quisiera publicarla ni prologuista que quisiera prologarla. Me imaginaba que a esas alturas todos mis compañeros de la Escuela de Letras ya habrían publicado y alcanzado la cima del éxito literario y yo, como no ocurriera un milagro, me veía volviendo a mi Algeciras natal. Y no, el momento aún no había llegado. El día que regresara al Sur sería por voluntad propia, habiendo cumplido mis sueños y preparado para seguir mi camino en la vida.

El milagro ocurrió antes de lo esperado, pero eso lo dejaremos para un próximo post.

En la foto: Un collage de Roberta Marrero

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