27 sept. 2013

Mi experiencia con Odisea Editorial (1)

Este soy yo en el 2005. Por aquel entonces aún me afeitaba.

Como sé que a muchos de los que me leéis os gusta que cuente mis experiencias en el mundo editorial y aprovechando cierta nostalgia que se despierta en mí ahora que se cierra un ciclo, voy a escribir una serie de posts explicando cómo llegué a publicar con la editorial Odisea y todo lo que aconteció después. 

Envié "Lo terrible del deseo" (anteriormente llamada "Le deseo" y "Lo terrible de los cuentos") al Premio Odisea del año 2007. Se trataba de una novela corta muy diferente a lo que solían publicar, y yo era consciente de ello, pero por otra parte, también era consciente de que era una historia demasiado violenta y sexual como para ser publicada por cualquier otra editorial. Escribí la primera parte y el epílogo durante el año 2005, un año que recuerdo bastante turbulento y en cierta medida doloroso. Llevaba una libreta amarilla a todas partes y en ella iba apuntando ideas y diálogos que se me iban ocurriendo para ir dándole forma al esquema que cada noche me esperaba en mi habitación del piso compartido en la calle Alcalá. El esquema llegó a ocupar cinco folios y a primera vista no parecía tener sentido alguno. En mi cabeza sí que lo tenía y llegué a preguntarme en más de una ocasión si no me estaría volviendo loco. Cuando decía que estaba escribiendo una nueva novela, todos aquellos que me conocían decían que estaban deseando leerla porque seguro que era una comedia brillante. Yo me quedaba callado, sin saber cómo explicar lo que realmente se estaba cociendo. 

 En el 2006, le añadí una segunda parte que creí necesaria para completar esta historia, más parecida a un rompecabezas que a una novela. Tras una segunda corrección y un par de cambios de título fue cuando la envié. Para mi sorpresa, el editor que había por aquel entonces contactó conmigo alabando la obra y pidiéndome mis datos personales para publicarla sin saber él que le quedaban dos días en la empresa y que tras su marcha también se marchaba toda esperanza de que mi obra viese la luz. Aquel año ganó el Premio Odisea una novelita romántica de chicos guapos que se enamoran y sufren mucho.

Un par de meses después me escribió el nuevo editor, diciéndome que su antecesor le había dejado mi manuscrito y que a pesar de que le había encantado, el jefe la había descartado por completo y no había manera de sacar el proyecto hacia adelante. A ese jefe no le gustaba el gore, la violencia y las reflexiones filosóficas. Quería romances imposibles en marcos incomparables o historias de esas que se leen sujetando el libro con una sola mano. Lo entendí pero en lugar de tirar la toalla, mi empeño tomó más fuerza. Decidí que para convencer a alguna editorial, mi libro necesitaba el prólogo de un famoso. Y así fue como comencé la búsqueda de un prologuista. Pero esa es la historia que os contaré en la próxima ocasión.