12 oct. 2013

Escritores y navegantes


Como en multitud de ocasiones he tenido que hacer, una vez más me como mis palabras. Una vez dije que Los dones de Acracia era una obra menor, comparándola con los que hasta el momento habían sido los dos pilares de mi más reciente carrera literaria, Rottenmeier y Lo Terrible del Deseo. A día de hoy, pienso que es mi obra más ambiciosa, complicada y extraña. ¡Estoy deseando que la leáis! Pero aún queda mucho por corregir, escribir y reescribir a pesar de que ya le puse punto y final. Esta tarde, he de confesar, he acabado llorando al releerla. Y no siento que la haya escrito yo, me pregunto quién es ese escritor tan chiflado que me ha hecho llorar con esta historia de niños perdidos y espejos mágicos. Debería profundizar sobre este tema y que me lo mirara un psicólogo o algo, porque cuando escribo, yo dejo de ser yo y luego apenas recuerdo nada. Sigo unos esquemas que he construido conscientemente pero después, todo lo demás, la elección de palabras, el sentimiento, la poesía, cómo van hilvanándose alredededor de la estructura...Todo ello lo añade alguien que sale de mi interior y ocupa mi voluntad. Es una parte del proceso que no he estudiado en ningún curso ni asignatura alguna pero que desde luego que debería darse, porque con este navegante escribo mejor. Suena a esquizofrenia pero quizás tan sólo sea lo que en un libro que he leído hace poco llaman "estado de flujo". Bravo por el estado de flujo, pues. Y que dure muchos años.

Hace poco tuve una conversación bastante interesante sobre literatura con uno de mis contactos de Facebook. Hablábamos sobre lo que es y lo que no es la literatura, sobre escritores con vocación y escritores que siguen modas. Se me olvidó comentarle que quizás existan los escritores que llevan un navegante dentro, los que no pueden evitar lo que son, que no han tomado la decisión de escribir en ningún momento de sus vidas porque está en su naturaleza. Y se me olvidó comentarle que quizás, esos sean los que más sufren y al mismo tiempo disfrutan creando. Escribir buscando un fin económico, o ser el más famoso de tu barrio o el que más seguidores tenga en Twitter... Imagino que tendrá que dar satisfacciones, claro está. Pero eso mismo se puede conseguir jugando al fútbol o sacando un disco de flamenco-pop. Lo que se consigo escribiendo es otra cosa. Es un estado alterado, un entrar en contacto con ese navegante que vive dentro de mí, acompañarlo por nuevos caminos en este mundo de palabras y emociones. Por eso, paradójicamente, no voy a hacer mi trabajo de fin de grado sobre temas literarios. Pero eso es una historia que contaré en otra ocasión.

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