6 nov. 2013

Chirimoyas


Como ya sabéis, una de mis palabras favorita es "chirimoya" pero la verdad es que nunca he contado de dónde viene esta extraña afinidad lingüística. Hoy me ha venido a la mente la historia mientras me comía una. Es la época del año de las chirimoyas, de las castañas y los huesos de santo. Adoro el otoño. Cuando era pequeño, solía ir con mis padres y con mi hermana a pasar los domingos al campo. Allí dábamos largos paseos cantando canciones infantiles de la época, "El Señor Don Gato", "Mambrú se Fue a la Guerra", ese tipo de cosas. En una ocasión planté en el suelo, junto a un pino enorme, un hueso de chirimoya y mi máxima ilusión, durante semanas, era que llegara el día del paseo para ir a comprobar si mi chirimoyo había crecido. La verdad es que nunca llegó ni a germinar, pero a los cinco años, mis fantasiosos ojillos estaban seguros de vislumbrar brotes verdes entre la tierra. Creo que de ahí viene mi fascinación por las chirimoyas, me traslada a domingos pasados llenos de ilusión y de ese sabor dulzón tan particular que tiene esta fruta. La verdad es que siempre la he comido tal cual, nunca me he atrevido a experimentar ninguna receta de cocina que incluya chirimoyas. ¿Sabéis de alguna? ¡Si es así, estoy deseando conocerlas! 

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