12 ene. 2014

Personajes y aludidos

 
A la hora de construir personajes e historias es normal tomar algunos detalles de la realidad. El escritor es un cocinero que, usando los mejores ingredientes, ha de elaborar un buen plato. Para ello ha de seguir una receta, ha de cocinar y de crear una presentación atractiva. Un ingrediente no hace al plato porque en el pollo al curry es tan importante el pollo como el curry. Y no olvidemos el aceite, las especias, la cebolla, la nata líquida... Entiendo que un lector me diga que se ha sentido identificado con lo que escribo, pero que crea que me he basado en él o ella para crear un personaje o trama es absurdo. La ficción existe gracias a la combinación de realidad e imaginación, todo ello metido y entremezclado en la coctelera que es la mente del autor. Si no, estaríamos hablando de biografías y no de novelas.
 
Por otra parte, muchos lectores piensan que lo que escribo es fruto de mi propia experiencia. En una ocasión, me preguntaron si "Terrible Deseo" (la parte amarga de Tan Dulce, Tan Amargo) era una novela autobiográfica. Mi respuesta fue que teniendo en cuenta que el protagonista era un psicópata pederasta y caníbal que cometía incesto pues iba a ser que no. Esta pregunta también puede deberse a que en la mayoría de las entrevistas el periodista no se ha leído el libro.
 
Esto no quiere decir que mis libros no tengan parte de mí. Por supuesto que la tienen, pero es una parte de mí mucho menos biográfica, más sutil y espiritual. Muchos de mis personajes tienen mi esencia, o retazos de ella. Riku desde los infiernos está plagada de poemas que escribí en mi adolescencia, y si bien yo no fui un asiático con tendencias suicidas, sí que fui un niño rarito que se sentía continuamente excluido. Dejé sobre los hombros de Rottenmeier muchas de mis cargas internas y así fue como me deshice de ellas. Incluso ese espíritu bobalicón, iluso y romántico que tiene Álex, de "Cerrado por inventario" puede que sea el mío. Pero ni yo soy Riku, ni soy Rottenmeier ni soy Álex. ¡Dios me libre!
 
Desde mi punto de vista, los autores que se empeñan en describir la realidad sin más, en escribir sus vidas, sus amores, sus frustraciones o la de sus amigos, están sobrevalorando sus experiencias. Quizás te parezca lo más importante del mundo escribir sobre tu ruptura amorosa o sobre lo bien que lo pasas con tus amigos cuando hacéis botellón pero lo cierto es que has de pensar en tus lectores, en un público más amplio, quizás más maduro o deseoso de emociones. Hace diez años, un profesor de narrativa me dijo esto mismo, que buscara mi público. Yo le contesté que quería ser escritor y no experto en marketing. Ahora entiendo que se refería a que no escribiera para mí, que el hecho de escribir fuera un acto de amor, que compartiera con los demás, estimulara sus sentidos, les hiciera reflexionar o consiguiera que se evadiesen por un rato de la rutina. Como dije en el anterior post, se escribe para alguien y para ello hemos de exprimir a fondo todas nuestras herramientas y sobre todo, la más importante de ellas, nuestra imaginación. Se nota cuando el autor no abre las puertas de la imaginación a la hora de escribir y es triste comprobar cómo el arte, la creatividad y la literatura se quedan tras ella, esperando.