29 mar. 2017

Los libros más #rarunos que tengo en mi colección


Ya no me caben más libros en casa, a no ser que me compre unas cuantas estanterías más y las ponga en las paredes que aún me quedan libres, que son pocas. Los tengo ordenados (o eso intento) en orden alfabético según el autor, aunque con cada nueva incorporación tengo que moverlos todos y acaban sumergidos en el caos. De vez en cuando, me da la vena neurótica y me paso horas ordenándolos y revisando el inventario con Goodreads. Preguntas que surgen a raíz de todo esto: 

* ¿Cómo ordenas tú los libros? 
* ¿Va más rápida tu lista de nuevas incorporaciones o la de libros leídos? 
* ¿Puntúas en Goodreads lo que lees en cuanto te encuentras la palabra "fin"?

Realmente, yo a lo que venía hoy era a preguntar cuáles son los libros más rarunos de tu colección. Los míos son los siguientes:

1) Allá donde la luna de oro de Elias Lönnrot. Una novela basada en El Kalevala, un poema finlandés (digamos que EL poema nacional en Finlandia, algo así como aquí el Cantar del mío Cid), que es muy atractiva por lo fantástica que es, pero que al final deja el regusto de que no tiene ni pies ni cabeza. Eso sí, en 1989 me pareció maravillosa y estuve durante todo un trimestre obsesionado dibujando dioses mayores y menores de los cielos.

2) Apples de Richard Milward. Este libro llegó a mis manos de casualidad, en una bolsa con cincuenta o sesenta libros abandonados, y comencé a leerlo pensando que era de temática Young Adult, a lo David Leviathan. Para mi sorpresa, a pesar de estar protagonizado por jóvenes, es una historia amarga, cruel y desconcertante que, al llegar al final, me dejó en shock durante días.

3) Pfitz de Andrew Crumey. Otra casualidad. Estaba a cinco euros en un puesto de la estación de autobuses y viendo que la contraportada decía que su autor se puede convertir en un héroe de la novela posmoderna (a mí se me convence muy fácilmente, la verdad) lo compré. Y héroe no sé, pero es más raro que un perro verde, y al mismo tiempo fascinante. Es una reflexión sobre el oficio de escribir a través de lo que ocurrió en un país donde su rey decidió crear una ciudad fantástica sobre el papel y prestarle más atención que a la que realmente gobernaba. Todo lo que diga sobre este (buen, raro, extravagante, demencial)  libro es poco.

4) Tierras de cristal de Alessandro Baricco. Cuando se puso de moda Seda y todo el mundo lo leyó, a mí me dio por leer alguna de las otras novelas de este autor y me tropecé con esta historia surrealista ambientada en la ciudad imaginaria de Quinnipak, que me recordó a Gianni Rodari, a Boris Vian, a Jodorowsky, entremezcladas de forma muy divertida y culminando en un clímax donde dije que vale, que no me había enterado de nada y que tendría que leerlo desde el principio. Son cosas que digo, pero que luego nunca cumplo, la verdad. Quizás algún día.

5) El osito cochambre de Ignacio Cid Hermoso. Los que me leéis desde hace tiempo sabéis que Ignacio Cid es uno de mis autores españoles favoritos y que lo conocí gracias a esta novela sobre un profesor en crisis que proyecta sus frustraciones a través de un osito de peluche. Imaginad al osito de Mimosín en Twin Peaks, o algo así. Pues eso, que la leáis a la de ya.

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