27 nov. 2017

Stephen King (Influencias 4)


Durante mi época de instituto me bebí un montón de novelas de Stephen King y no pude evitar copiarlo hasta la saciedad en mis propias historias. De esa manera, una de mis primeras novelas cortas, La madeja del diablo, era una recreación de IT, con un punky sexy en lugar de un payaso asesino, eso sí. El punky sexy quizás vendría del universo de otra de mis influencias, Ann Rice. La forma de estructurar los capítulos y de alternar puntos de vista se convirtió en una marca personal que compartir con Stephen King, aunque a la larga, y eso significa muchos, muchos años después, me di cuenta de que era más un lastre que una facilidad.

IT fue el primer libro que leí de Stephen King. Me lo prestó mi amigo Elías, era aquella edición mítica de letras rojas y la alcantarilla de la que asoma una garra verde. Me obsesionó tanto, que en cuanto ahorré algo de dinero me compré Historias fantásticas. No era un novelón a la altura de IT, pero de él saqué unas cuantas ideas para hacer un cómic de terror en el que adaptaba las historias "Hay tigres", "La imagen de la muerte" o "El hombre que no quería estrechar manos". Ese verano, mis padres se fueron de vacaciones y me dejaron en casa con mi hermana y un libro a elegir. Fuimos a la librería y escogí El resplandor. Me lo leí en un par de días y, necesitado de droga, volví a la librería a por otro, en esta ocasión el elegido fue Christine. Es mucho menos conocido que la historia del hotel Overlook, pero quizás sea uno de mis favoritos. Me sentía muy identificado con el adolescente feucho y marginado que se venga de todos y se convierte en un guaperas, aunque yo no tenía (ni tengo) carnet ni coche diabólico, claro está. Después, vinieron Misery, Los ojos del dragón, La tienda y muchos otros. 

Una cosa que odiaba era las películas basadas en historias de Stephen King. ¡Eran muy cutres! Incluso El resplandor me echaba para atrás, con el doblaje de Verónica Forqué. Últimamente se han hecho adaptaciones más dignas, como la de IT, que me ha gustado mucho y es bastante fiel a lo que yo había vivido en mi cabeza hace más de veinte años. También me daba mucha rabia que se considerara un mal escritor o un escritor poco serio. En el instituto le dije al profesor de literatura que por qué no estudiábamos a Stephen King en lugar de a Benito Pérez Galdós y me puso cara de WTF?! A mí me gustaría tener alumnos que me propusieran cosas así, la verdad.

No me da corte decir que, si los escritores somos lo que leemos, yo llevo mucho de Stephen King dentro, de sus historias dentro de historias, de sus pueblos y de sus personajes marginales. También he aprendido de él lo que no me gustaría incluir en mis novelas, los finales descuidados, los puntos de vista inútiles y absurdos (ese capítulo en La cúpula narrado por un perro...) o los capítulos de relleno en los que no avanza nada la trama (como en La torre oscura IV).

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